Publicado en La Razón
«La villanía, por desgracia, no avisa. Los malos no llevan pintado en sus rostros que lo son»
Hace siete años, en 2018, echó a andar la colección «Sinficción» de la editorial Alrevés, que tengo el honor de dirigir y prologar. Desde entonces hasta ahora, hemos publicado dieciséis títulos, firmados por los mejores especialistas en crónica negra. La colección nació con la idea de analizar hechos criminales que nos hubieran conmocionado, desde el punto de vista que eligiera el autor (el suyo, el de la policía, el de la familia, el del asesino…) y contarlos tan literariamente como cualquier buena novela, pero sin incorporar ni un ápice de ficción, ni siquiera en los diálogos, que debían extraerse de sumarios, conversaciones con los protagonistas o ser confeccionados con su beneplácito. La intención de esta colección, de los true crimes y de la crónica negra en general, siempre es la misma: Comprender el mal. La villanía, por desgracia, no avisa. Los malos no llevan pintado en sus rostros que lo son y descubrir un día que ese buen vecino es el responsable de un crimen atroz, nos provoca tanta estupefacción, que necesitamos que nos expliquen los motivos. Casi nunca es posible. El mal no tiene excusa ni justificación. Hay hermanos que reciben la misma educación, los mismos cuidados o los mismos malos tratos…, y unos acaban siendo asesinos y otros santos. Me resulta tan curioso como hipócrita, tanto escándalo por el libro de Luisgé Martín en torno al caso Bretón, cuando la publicación de más éxito de este país ha sido «El Caso» y permanentemente consumimos relatos de crímenes en los medios de comunicación, incluidos varios sobre el propio Bretón. Es cierto que, en esta ocasión (como en tantas otras), se ha entrevistado al asesino; pero es que también hay que escuchar a los criminales para poder interpretar el horror. Comprendo (cómo no hacerlo) el dolor de la madre y creo que abordar temas delicados exige una especial sensibilidad; pero también que la censura sienta precedente y no es admisible en un Estado de Derecho. La elección respecto a lo que ver, leer o escuchar debe ser de cada cual. Y me desazona que Anagrama afirme que una obra inspirada en hechos reales «requiere una doble de responsabilidad y respeto», y detenga la distribución de la de Luisgé Martín sine die, que entiendo que, si publicó, sería porque consideraba que cumplía ambos requisitos…