Acabo de ver “No mires arriba (Don’t look up)” y solo puedo decir que hacía tiempo que no me divertía tanto con un buen drama hecho comedia. Eso sí, la reflexión a la que conduce no me ha hecho tanta gracia, porque en esta película se recoge la perfecta radiografía de esta sociedad nuestra, hiperconectada y de la que todos formamos parte, que cada vez es más imbécil en todos y cada uno de sus estratos: desde el más poderoso y afortunado al más humilde y desfavorecido. En “No mires arriba”, se cuenta la historia de unos modestísimos científicos de Michigan, que al mirar al cielo descubren un cometa al que bautizan orgullosos, pero que al efectuar los cálculos pertinentes, se dan cuenta de que, por sus dimensiones, cuando llegue a la tierra en pocos meses y colisione con ella, provocará la extinción de la vida, igual que otro anterior acabó con la de los dinosaurios. A partir de esa certeza y con la esperanza de poder encontrar el milagro, se les ocurre, cómo no, llamar a la NASA para que le comunique el estado de emergencia a la Casa Blanca y desde ella se pueda elaborar una estrategia para destruir el cometa antes de que colisione con nuestro mundo. Y desde ese momento, todo es un disparate. A la presidenta de los Estados Unidos, más preocupada por su imagen y por su físico (que le jalea sin descanso su jefe de gabinete) que de cualquier otro asunto, no le preocupa en absoluto el problema en sí mismo, pero sí cómo sacarle rédito político en un momento electoral delicado. Los medios de comunicación tampoco se lo toman en serio. A la audiencia no le gustan las tragedias y no quieren alarmarla, por lo que prefieren tachar de histérica a la descubridora del cometa, que habla con total claridad, del asunto, dando pie a que en las redes se la ridiculice y aparezcan toda suerte de memes sobre ella. Mientras tanto, el científico que la acompaña, con la autoridad de ser el profesor y la cobardía flagrante de no atreverse a decir la verdad, se convierte en todo un sex symbol del que se encapricha la rubísima presentadora del programa matinal y pasa a ser la persona de confianza de la propia presidenta, cuando esta decide, en vez de lanzar un misil para destruir el cometa, aprovechar los supuestos materiales preciosos que contiene, según el gurú de la más importante compañía tecnológica, que será quien se haga cargo de la misión. Evidentemente será una misión fallida. Y más allá de todo el repaso del absurdo incontestable de esa sociedad de la que, insisto, todos formamos parte, y que queda tan tristemente reflejada situación a situación y personaje a personaje, hay un mensaje obligatorio antes de que todo de destruya: “lo teníamos todo”. Y por no entender que lo teníamos y no defenderlo, nos quedamos sin nada, añado yo.
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