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Marta Robles: «La compañía de las redes sociales es puro espejismo»

Publicado en TreceBits

Manuel Moreno

Periodista Marta Robles

La periodista y escritora Marta Robles acaba de publicar su última novela, «La chica a la que no supiste amar» (Editorial Espasa), que ha recibido el premio de Narrativa Castellón Letras del Mediterráneo 2019. Con ella hablamos de su libro pero, sobre todo, de cómo utiliza ella las redes sociales y cómo están cambiando tanto el ejercicio del periodismo como la manera en la que nos relacionamos los seres humanos entre nosotros mismos.

-Marta, ¿Cómo dirías que las redes sociales nos han cambiado la vida?

Obviamente han hecho que estemos más expuestos y que tengamos la falsa idea de que también estamos más acompañados e informados. No es cierto. La compañía de las redes es puro espejismo y la información… Como dice Iñaki Gabilondo «en las redes pasa con la información lo mismo que con el agua en las inundaciones, hay mucha, pero poca potable».

-¿Y el ejercicio del periodismo?

El periodismo está en plena fase de adaptación. Hasta que no se consiga que en Internet se considere que es lógico y normal pagar por el trabajo de los periodistas, el panorama es desolador. Sobre todo porque muchos medios buscan seguidores como sea, incluso con titulares amarillistas que son lo único que les asegura los constantes clicks que pueden, a su vez, facilitarles publicidad.

En el lado positivo de las cosas está que es mucho más fácil entregar los trabajos desde cualquier parte y mucho más rápido acceder a la información. Aunque hay que tener mucho cuidado con no contrastar. Más cuidado que nunca.

-Uno de los grandes “males” es la proliferación de fake news. ¿Cómo podemos combatirlas?

Las fakes news han existido siempre en nuestra profesión. Lo que pasa es que ahora tienen mucha mayor difusión que antes. Pero anda que no hemos visto noticias falsas en los periódicos, que luego se replicaban en el huequito de la página con menor visibilidad. El gran problema de las fakes news de la era digital es que pueden confundir incluso a los buenos periodistas

-¿Hay demasiados ‘ofendiditos’ en las redes sociales o es cierto que se está radicalizando el discurso?

En las redes hay de todo. Ofendiditos, radicalizados y sensatos. Lo que sucede es que existe la impunidad del anonimato que lleva a la violencia verbal y la osadía de la ignorancia que conduce a opinar de todo.

-¿De qué maneras empleas tú las redes sociales?

Fundamentalmente las utilizo para promocionar mi trabajo y para estar al tanto del de la gente que me interesa. No soy de hacer amigos por las redes, aunque alguna sorpresa positiva me he llevado. Y negativa también.

-¿Eres más de FB, de TW, de Instagram…? ¿Cuál es la que más te aporta?

Me muevo en las tres, pero sin estar enganchada a ninguna. Mi relación con las redes es muy contenida.

-¿Te resultan un canal importante de comunicación para interactuar con tus lectores?

Sí. Con mis lectores, con mis compañeros, con mis críticos y hasta con mis amigos. Me resulta muy grato poder dar más visibilidad y más vida a mis novelas a través de las redes y hacérselas llegar a personas que, de otro modo, hubiera sido difícil que supieran incluso de su existencia.

-Tu nuevo libro, “La chica a la que no supiste amar”, es una trama criminal que trata temas muy duros. ¿Cuál ha sido tu objetivo al escribirlo?

Mi primer objetivo cuando escribo es ese: escribir. Escribiría aunque no me publicaran. Es una necesidad. Pero es verdad que, tal vez por mi forma de ser, siempre me gusta aprovechar la novela para denunciar asuntos que me preocupan. Eso no significa que quiera moralizar, pero si concienciar. Que la gente sepa lo que hay. O que lo recuerde. Y luego que saque sus conclusiones respecto al planteamiento personal que deben hacer.

En esta novela hablo de la trata de mujeres nigerianas, de su terrible vida en su país, en el viaje que tienen que hacer hasta España y en España cuando donde son convertidas en esclavas sexuales. Pero también hablo de toda esa trastienda de la sociedad donde escondemos relaciones inconvenientes o ilegales, juego, drogas o incluso complicidad con el submundo más oscuro de los proxenetas que  genera tanto dinero que se vuelve atractivo para muchos.

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