Fuente: Lectora de tot
¡Hola a todos!
Hoy quiero compartir con vosotros la entrevista que hace poco realicé a Marta Robles, donde conversamos sobre ella y su última novela: A menos de cinco centímetros. Os invito a que la leáis, estoy segura de que os encantará:
Hola, Marta, antes de comenzar con la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por colaborar con mi blog, me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti, por si alguien aún no te conoce. ¿Quién es Marta Robles?
Soy una periodista que trabaja en todo tipo de medios (radio, prensa y televisión), desde hace treinta años y una escritora con trece títulos publicados, desde 1991 hasta ahora, tanto de ficción, como de no ficción. Y además, una mujer normal y corriente, como tantas otras, a la que le gustaría llegar a todo: a tener más tiempo para estar con la familia (tengo tres hijos y un marido que hace posible que mi vida laboral sea un disparate de actividad) y a desarrollar como corresponde todas sus tareas profesionales. De entre ellas y sobre ellas, la literatura, es la que más tiempo e intensidad me ocupa, sobre todo ahora que estoy de promoción y ando recorriéndome España con A menos de cinco centímetros bajo el brazo…En todo caso, si alguien quiere datos más precisos sobre mí, ahí está mi web martarobles.es
¿Cuándo supiste que querías ser escritora?
Muy pronto. De niña. Era mi única respuesta cuando me formulaban la pregunta imprescindible: “¿qué quieres ser de mayor” “Escritora”-respondía yo siempre-. “Quiero contar historias”
¿Qué fue lo primero que escribiste? ¿A qué edad lo hiciste?
Aún recuerdo un verso que escribí, casi recién estrenada en la lectura y la escritura, a los cinco años. Fue tras leer aquel libro en el colegio ,con la madre Beatriz, del que no recuerdo el título, pero si los dibujos grandes y las flores. Al poco –muy poco- mi vida y la lectura se unieron para siempre. Creo que desde aquel verso ya pensé que quería ser escritora. Luego, después de infinitas redacciones escolares y de algunos concursos literarios infantiles ganados, a los quince años escribí mi primera novela. 115 páginas de un cuaderno con espiral y hojas con cuadrícula que, por suerte, nunca vieron la luz. Y no la verán jamás, claro, pero las guardo para que quede constancia de ese deseo mío de siempre de escribir, casi un sueño, que luego se convirtió en realidad. Antes de cumplirlo, me licencié en Ciencias de la Información, en la rama de periodismo y trabaje como periodista, como aún lo hago; pero la vocación del periodismo me llegó más bien por la influencia de mi primer novio que me convirtió de mi capacidad para la comunicación y me insistió en que eligiera aquella carrera universitaria. El periodismo me atrapó desde el primer momento, pero sin que desaparecieran mis anhelos de ser escritora. Ahora soy ambas cosas. ¿En qué grado y proporción? No lo sé, soy escritora, periodista, madre, amiga…, soy todo, como tantas mujeres, desde que me levanto hasta que me acuesto, aunque a unas u otras horas del día ejerza más de una cosa o la otra.
¿Tiene tu vida profesional relación directa con tu faceta como escritora?
Mi vida profesional como periodista consiste en estar atenta a la vida para poder contarla, en escuchar historias y contar historias. Historias reales, pero historias. Así que tiene mucha relación con la literatura, que no tiene que ser real, pero sí verosímil. Siempre he escrito en el desarrollo de mi carrera profesional como periodista; pero sobre todo siempre he escuchado, además de leer y leer, que es fundamental para poder escribir. Por otra parte, la literatura es, en sí misma, parte de mi vida profesional. Quiero decir que yo no soy una escritora amateur que escribe un librito de cuando en cuando; soy una escritora profesional que lleva escribiendo y publicando regularmente desde hace veintiséis años.
¿Cómo te formaste como escritora?
Leyendo, que es como creo que se tiene que formar un escritor. Como te decía, estudié periodismo en la Complutense, pero no he asistido nunca a talleres de literatura creativa o similares. Los he impartido yo, que es diferente. Mi formación proviene de la lectura. De todo tipo de lectura. Narrativa, ensayo, poesía. He leído mucho también sobre asuntos filológicos, sobre técnicas de escritura, pero casi por curiosidad, por el puro interés de descubrir las maneras de contar de otros, pero sin despreciar la mía, que ha ido puliéndose con el tiempo, pero que desde el principio tenía unas características propias que quería preservar.
¿Tienes alguna manía al ponerte a escribir?
Desde hace años escribo sobre una bola de fitball. Paso tantas horas sentada frente al ordenador que con las sillas convencionales se me dormían las piernas. Mi profesora de Pilates me recomendó la bola de fitball y escribo sobre ella. A los que me ven les parece muy “exótico”. Para mi es, simplemente, imprescindible.
¿Prefieres algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?
Prefiero cualquier lugar o momento en el que mi familia y mi trabajo diario me deje espacio para estar a solas; pero como eso a veces es imposible he aprendido a abstraerme (tal vez porque he trabajado muchos años en redacciones repletas de ruido donde era preciso concentrarse y trabajar con rapidez pese a las posibles distracciones) y soy capaz de escribir en cualquier parte y a cualquier hora. En todo caso, hace años prefería escribir de noche. Ahora prefiero levantarme muy pronto por la mañana. Sobre todo en verano, que es cuando suelo comenzar el desarrollo de las novelas. Y eso sí, cuando estoy escribiendo un libro, pero más aún una novela, necesito sentarme delante del ordenador al menos cinco horas seguidas al día, aunque se las tenga que robar al sueño. Si no lo hago nada fluye como debe.
Antes de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la inspiración?
La inspiración, si existe, como decía Picasso, que me encuentra trabajando. Yo pienso mucho las novelas y luego las estructuro mucho también. Tener el principio y el final ayuda a ese “tender puentes” del que hablaba Borges. Pero luego, con la estructura organizada me van pasando cosas mientras escribo y, al final, me dictan las emociones. Los personajes crecen o se achican según lo que me van provocando. Normalmente me vuelco en ellos incluso antes de tener la propia estructura. Y me paso mucho tiempo dedicada a sus perfiles psicológicos. Necesito sentirlos más personas que personajes. Saber cómo son, como fueron, que les gusta, qué aborrecen, como sienten, a qué huelen…
¿Eres una escritora de las que escriben a mano o te decantas por las nuevas tecnologías?
Con mi pésima caligrafía si escribiera a mano luego no me entendería ni yo… No, escribo en el ordenador. Desde mi primer libro. Fue precisamente para escribirlo (comencé a hacerlo en 1989), para lo que aprendí a utilizar aquel nuevo invento que entonces era una novedad y que ahora es imprescindible en la vida de todos. Ahora es impensable que imaginemos la vida sin las nuevas tecnologías, pero vivíamos y escribíamos y trabajábamos… Lo que si es cierto es que, para escribir aquel libro El mundo en mis manos, la biografía de Pedro J. Ramírez tuve que hacer más de quinientas entrevistas y buscar en vivo y en directo muchos datos que ahora, seguramente, habría podido encontrar en Internet. Era otro mundo. En definitiva, yo escribo en el ordenador, utilizo Internet, pero también me gusta acudir a las fuentes, a las personas, a la propia vida y desde luego a los libros que me han proporcionado, desde niña, muchas vidas extra.
¿Cómo es un día en la vida de una escritora como tú?
Cuando estoy escribiendo una novela son, de cualquier manera, pero con al menos cinco horas, como te decía, enfrentada a la pantalla. Por lo demás, casi no tengo días iguales. Tengo muchísima actividad. Permanente actividad. La tele, la radio, los artículos, las entrevistas que hago y me hacen, las presentaciones de la novela, los clubes de lectura, las mesas redondas…En cuanto llegue el verano frenaré la actividad, no solo para descansar sino para centrarme en mi nueva novela.
¿Eres aficionada a la lectura? ¿Le dedicas muchas horas a lo largo del día?
Me sorprende esa pregunta ¿Acaso se puede escribir sin leer? No entiendo esa posibilidad. Un escritor que no ha leído no puede ser un buen escritor. Creo que ni siquiera ser un mal escritor… Para mí la lectura no es solo una afición. Es una pasión, una necesidad, el aire que respiro. Me muero si no escribo, pero más aún si no leo. Por eso, a leer dedico todas las horas que puedo. Voy leyendo en los trenes, en los tránsitos de un trabajo a otro, en casa… Leo mucho y en todas partes, desde siempre. Pero, además, tengo un programa literario en la radio y tengo la sana costumbre de leerme los libros de los escritores a los que entrevisto; así que tengo que robarle tiempo al tiempo para leer dos libros a la semana. Y lo hago, créeme.
¿Qué tipo de literatura te gusta leer?
Leo de todo. Leo novela, historia, filosofía, ensayo y…leo poesía, todos los días, aunque sea un solo verso.
¿Eres lectora de libros de papel o también lees ebooks?
Me cuesta mucho leer en ebook. Necesito el libro de papel, su olor, doblar una página, dibujar una margarita en el margen de una hoja… No sé, supongo que tiene mucho que ver con la generación a la que pertenezco. De todos modos, estamos volviendo al papel. Al parecer se ha vuelto a poner de moda porque ahora es lo “trendy” en EEUU. Lo que si espero es que consigamos fabricar un papel más ecológico –dicen que de la piedra- y no acabemos con los árboles del planeta.
¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra de él?
No tengo un autor favorito. Uno no. Tengo muchos. Sobre todo porque, aunque Baudelaire decía que “hay que ser sublime sin interrupción”, yo creo lo contrario. Y pienso, sobre todo, que las obra de los creadores nunca es lineal. O lo que es lo mismo un escritor puede tener obras muy buenas y muy malas o regulares. No me gustan por igual todos los libros de un escritor. Ni siquiera, qué te diría, yo, los de García Márquez, que me marcaron tanto. Pero quizás precisamente por esa encuentro a mis catorce años con sus Cien años de soledad, que leí de un tirón y que me provocaron tantas cosas como para sentir un terrible vacío al acabar el libro e inundarme toda yo de lágrimas voy a recomendarlo a él al gran Gabo y esa obra suya magistral.
¿Recuerdas algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes especial cariño?
Recuerdo la sorpresa con la que me enfrenté a Alicia en el país de las maravillas. Un cuento enloquecido, cuyas frases crípticas siguen resonando aún hoy en mi cabeza. Y recuerdo, como no, todas aquellas aventuras de los cinco y los siete de Enyd Blyton y no mucho más tarde, quizás a los doce a Poe, aquel cuento de Los crímenes de la calle Morgue, por ejemplo. Pero también recuerdo haber leído muy pronto a Dickens. Creo que fue Oliver Twist el primer libro que leí de él –lo saqué de la biblioteca del cole-. Y me impactó una barbaridad. Luego, más tarde, ya a los 18, me encontré con un libro que me cambió la vida y fue Caligula, de Albert Camus, aún me sé de memoria párrafos enteros… También de algunas obras de Wilde que encontré por entonces.
¿Qué estás leyendo ahora?
Acabo de terminar La vida negociable de Luis Landero, Los secretos del Arenal, de Felix García Modroño y El último pistolero de Raúl del Pozo. Ahora me voy a meter con Vicisitudes de Luis Mateo Diez que lo entrevisto en un par de lunes. Pero me apetece coger también alguno de Simenon de mi biblioteca, que hace tiempo que no leo nada suyo.
¿Si tuvieras que recomendar una novela cuál sería?
Es imposible recomendar una sola novela, pero bueno, ahí voy con unas cuantas: Rojo y negro de Sthendal, Las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, El americano tranquilo de Graham Greene, El amor en los tiempos del cólera de García Márquez, La fiesta del chivo de Vargas Llosa, el Club Dumas de Pérez Reverte… Así, para empezar, no está mal. Ahora, si me pongo purista, nada como recomendar una novela de novelas que contiene todos los géneros y que es un descubrimiento permanente: El Quijote.
¿Qué autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritora?
Pues todos los que te he ido mencionando en las respuestas anteriores y algunos más como el imprescindible Shakespeare, Bryce Echenique o incluso en mis incipientes pasos en la literatura Frank Yerby, además, por supuesto de Borges, Benedetti, Neruda, Lorca y también los rusos que adoro: Tolstoi, Dovstoiesky, Chejov… Claro que en mi vida, y supongo que también en mi literatura están las hermanas Austen, Flaubert, Nabokov…Y por supuesto, Chandler, Hammet, Highsmith y mi adorado Vázquez Montalbán. Su novela Los mares del sur me cambió la vida. En fin, como ves, he leído de todo y de manera muy desordenada y yo soy mucho más lo que he leído que lo que he comido e incluso que lo que he vivido.
¿Hay algo que haya influido en tu manera de escribir como la música, el cine, alguna vivencia, tus raíces…?
Desde luego. La música y el cine han sido –y son- una permanente fuente de inspiración. No podría vivir sin ninguna de ambas. Me gusta especialmente el cine negro y, en música, la psicodelia. Tanto uno como otra están presentes de alguna manera en mi última novela. También he recibido muchas influencias de mi paso por los informativos de las distintas televisiones y de mi actividad como cooperante de hace años.
¿Tienes más aficiones además de la literatura? ¿Nos podrías hablar un poco de ellas?
Pues no muchas, la verdad. El cine, la música, los amigos… y la vida en general. Disfruto mucho escuchando, departiendo, intercambiando. Pero, ni soy muy deportista, ni me muero por la gastronomía, aunque pueda nadar kilómetros y ser feliz en un almuerzo pantagruélico.
Hablemos ahora sobre tu novela, A menos de cinco centímetros:
¿De dónde surgió la idea de escribir esta novela?
De esas ganas enormes de zambullirme en el género negro desde que era una niña. Y de que el género estaba latente en mí. Solo esperaba a tener la destreza necesaria para manejarme bien en esa prosa visual, directa, desadjetivada, poco lírica y puesta al servicio de la historia que requiere el género. Y a que me encontrase una historia. Unas fotos de la guerra de Sierra Leona fueron el detonante. A partir de ahí ya supe que quería que mi detective fuera un ex corresponsal de guerra con un pasado duro y algo turbio y con todas esas cicatrices en el alma que marcan a todas las personas que han vivido la guerra en primera línea y que saben que en la vida no hay buenos ni malos, sino que depende de dónde nos coloque la vida. Una ráfaga de perfume de violetas me hizo recordar un pasaje de mi infancia una mujer amiga de mi madre, con un físico muy determinado que le traspasé a una de las protagonistas de mi novela. Luego el universo de los libros, los escritores y los propios libros como objeto de valor me ayudaron a construir la trama principal en torno a la relación extraconyugal de esa mujer que huele a violetas y su amante, un cínico escritor que podría haber matado a cuatro amantes previas a la mujer con la que ahora comparte pasión clandestina.
¿Cómo te organizaste para escribirla?
Pues como de costumbre. La pensé, conversé mucho con varios ex corresponsales de guerra, sobre todo con Arturo Pérez Reverte, también con varios policías, me metí a fondo con los perfiles psicológicos de cada uno de los personajes, estructuré la historia y me puse a escribirla escena a escena mientras iba indagando sobre los asuntos que quería incorporar en la trama.
¿Tiene alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas explicando en tu novela?
Todo es pura y dura ficción salvo las referencias a guerras reales y la historia de la Zwi migdal una historia terrorífica de trata de mujeres y niñas que funcionó entre 1906 y 1930 a través de la que llevaban niñas de los países del Este entre 13 y 16 años a Argentina donde las prostituían y esclavizaban.
¿Qué fue lo más complicado de la escritura de A menos de cinco centímetros?
Tal vez tratar de que todos los capítulos tuvieran el un interés ascendente y sucediera lo mismo con la novela en sí misma. Es una novela coral donde se reparte mucho el protagonismo y necesitaba que todos los personajes ofrecieran algún aspecto que proporcionara sentimientos potentes al lector. Aprecio, desprecio, lo que fuera…
¿Tenías claro desde el principio cómo escribirías la novela?
Sí, muy claro. Luego, como te digo, unos personajes fueron creciendo más que otros y algunas tramas adquirieron más protagonismo…, pero desde el principio sabía lo que quería escribir. Y muy especialmente sabía que quería dibujar dos mundos dos paisajes, por una parte uno de oro, delimitado por marcas de lujo, donde casi todo se puede pagar y otro más sórdido, de guerra y trata de personas donde la vida vale muy poco. Además sabía que quería que esta novela ayudase a reflexionar sobre distintos asuntos: sobre el periodismo de guerra, la trata, la infidelidad, los engaños… Muchos temas que nos tocan a todos y en los que, en muchas ocasiones somos cómplices, de manera activa o pasiva.
¿Cómo fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la novela?
Pues no lo sé. Se me vino a la cabeza. Me suele suceder algo así en cada novela. Una especie de flash.
¿Te llevó mucho tiempo escribirla?
Un año y medio más o menos. De intensidad total. Hacía otras cosas, pero no podía dejar de pensar en la novela y en sus personajes… Si una novela no atrapa a su autor mientras la escribe, difícilmente atrapará a los lectores cuando la lean.
Para los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿por qué el lector debería elegirla?
A menos de cinco centímetros es una historia negra, perfumada con aroma de violetas. Una novela de género en la que aparecen dos mundos divididos y contrapuestos. Uno repleto de marcas de lujo y personajes poderosos en el que casi todo se puede comprar y otro, sórdido, en el que aparece lo peor del ser humano: la crueldad, la capacidad de matar, torturar o esclavizar… En el origen de la historia, un detective, antiguo reportero de guerra, al que acaba de abandonar su mujer, revisa su pasado, sin querer, a través de unas fotos de la guerra de Sierra Leona, la última guerra en la que él trabajó como corresponsal. Y es casi en ese momento cuando recibe el encargo de investigar un caso, no de infidelidades, como los que acostumbra, sino de asesinato. Para su sorpresa, el principal sospechoso el escritor español más afamado y reconocido del momento. Y podría haber matado a cuatro mujeres. Todas ex amantes suyas. Partiendo de esa premisa, el detective Roures, comenzará a seguir los pasos del escritor, Armando Artigas y descubrirá que éste acaba de comenzar una nueva aventura sentimental, en esta ocasión con la bella y sensible Misia Rodríguez, esposa del millonario magnate de comunicación y propietario de la editorial en la que él publica; pero no solo eso…
Y ahora hablemos del futuro:
¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?
Estoy perfilando la estructura del nuevo caso del detective Roures y recopilando la información necesaria. Empezaré a escribirla en verano.
¿Qué consejos darías a los escritores noveles que desean que sus novelas sean publicadas?
Lo primero que lean mucho antes de escribir. Que no se planteen siquiera escribir y menos aún publicar si la lectura no forma parte de su vida. La lectura es la mejor escuela, para escribir y para vivir. En cuanto a la publicación de las novelas, ahora se ha democratizado mucho. Ahí está Amazon. Y si una novela es buena podrá ir desde Internet a la editorial más importante.
Para acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta entrevista las siguientes líneas son todas tuyas.
Muchas gracias por recibirme en este espacio. Si queréis encontrarme estoy en @martaroblesg en Twitter, Facebook e Instagram y en mi web martarobles.es
Muchas gracias, Marta, y mucha suerte con A menos de cinco centímetros y tus proyectos futuros.
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