Por Antonio Heredia para La Razón
La presentadora y escritora debuta en el género negro con la novela ‘A menos de cinco centímetros’
«En la intriga también cabe la seducción», dice la protagonista del último libro de Marta Robles, A menos de cinco centímetros (Espasa). La frase es una buena definición de una novela que, en primer plano, trata de crímenes (intriga) y seducción; y, más allá, de muchos más asuntos: la trata de mujeres, los secretos y engaños en las relaciones personales, la doble moral de la sociedad, el dilema de quedarse con lo que uno tiene en la vida o arriesgarse a perderlo. La novela supone el debut de Marta Robles en el género negro, algo que, dada su afición, tenía que llegar antes o después. «El género negro sin sexo, sin seducción, se queda en puro tiro y sangre», dice la escritora. «Mi novela tiene una estructura ortodoxa dentro del género, pero es más de personajes, con un trasunto psicológico y varias subtramas. Me interesó más el perfil psicológico de los personajes que la trama policial».
«Nadie dice toda la verdad y todo el mundo oculta cosas; la vida en sociedad es un puro engaño. La convivencia sería difícil si no guardáramos una parcela en la oscuridad», añade sobre otro de los temas principales de su historia. Historia que oscila entre un entorno de gente triunfadora, donde priman el lujo y el glamour, y otros más duros y violentos, como la feroz guerra de Ruanda con la que empieza la novela. ¿El látigo y la rosa, que decía Umbral? «Quería poner en evidencia que no hay buenos ni malos, ni blanco ni negro, sino mucho gris, y para eso es imprescindible mostrar esos aspectos contrarios. A veces el látigo está donde la rosa. Me gusta que se vean mundos distintos desde distintas perspectivas».
«Para que funcione ese contraste», sigue diciendo Marta Robles, «junto a las escenas de guerra o los garitos que aparecen, también tenía que haber moda, marcas, lujo. Me apetecía que se conociera a los personajes de verdad, por cómo visten y cómo viven». En ese último aspecto, la novela, desde luego, cumple a satisfacción. Y podría decirse que tiene bastante de social, si no limitamos el adjetivo a vicisitudes de la clase obrera, como solía hacerse antaño. «Es social porque muestra los contrastes entre un estrato social y otro. Aquí está más la alta sociedad, que es la que mueve los hilos, pero también la trata de mujeres, cuyas víctimas no son precisamente de alta sociedad», explica.
«Cualquiera de nosotros mataría por contar algo que de inmediato quisieran leer millones de personas», dice una escritora en la novela. La pregunta parece obligada. «No, en absoluto», responde rápido Marta Robles. «Tampoco mataría por una exclusiva. Si tuviera que ponerme al límite no sería por el éxito, sería por lealtad o por amor». ¿Y en esa disyuntiva, que también se sugiere en la novela, de ganar lectores o el respeto de la crítica? «No lo sé. Lo quiero todo; y si tengo que elegir, probablemente los lectores».
Periodista y escritora, no sólo son actividades distintas para ella sino que, contra lo que suele ser normal, en su caso fue primero la literatura. «Lo mío ha sido un camino de ida y vuelta», dice. «Siempre quise escribir y me convencieron para hacer periodismo. El veneno del periodismo se me metió en las venas, es una profesión que te hace ver la vida en primera línea de fuego y que te viene muy bien para escribir; trato de aprovecharlo todo para escribir historias. Pero son estilos distintos, no soy la misma en el periodismo y la literatura».
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