El Real Madrid de baloncesto acumula ya 24 victorias consecutivas. No ha habido derrotas. Tan solo algún susto como el que le dio el Valencia Basket el día que el Real Madrid de Pablo Laso luchaba por igualar el récord de aquel Real Madrid de Pedro Ferrandiz en la temporada 1960/61. Una racha, imparable, que comenzó con su victoria por 39 puntos ante el Bilbao Basket, del primer partido de la temporada. Una servidora, que no vivió los logros del equipo de Ferrandiz, porque no había nacido y tiene que reconocer que no ha seguido los del actual Real Madrid tanto como debiera, porque, oigan, no se puede estar a todo, recuerda sin embargo aquel otro cinco de otros tiempos al que siguió con entusiasmo casi en la niñez. Iturriaga, Corbalan, Romay, Martin, Llorente… Era salir del colegio, a veces con el uniforme (el mismo, por cierto, que describia Almudena Grandes, tres años mayor yo, pero compañera de los Sagrados Corazones del Paraíso, en ese primer e impactante libro suyo titulado «Las edades de Lulu») y entregarse a la locura que se desataba en las gradas del Pabellón del Real Madrid. Tantas veces coreamos «Iturriaga», que nos dejamos la garganta en el intento… Debo reconocer que ningún otro deporte, ha logrado, como el baloncesto, hacerme vivir momentos tan inolvidables. Por eso, recibir las noticias, aunque sea sin haber sido espectadora, de un nuevo hito del Madrid, me pinta las nostalgias y me empuja a recuperar las ganas de acercarme a la cancha. No a jugar, claro, porque una es mas bien deportista de salón, sino a vivir la velocidad que escribe el baloncesto canasta a canasta. Felicidades, baloncestistas blancos.
La Razón
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