Érase una vez tres payasos de circo (Gaby, Fofó y Miliki), que escribieron la historia de España, gag a gag y canción a canción.
De familia de payasos de toda la vida, lograron que, al menos tres generaciones, nos tomáramos en serio las payasadas, supiéramos que los circos alegraban siempre los corazones y aprendiéramos que, contestar que se está bien, cuando se pregunta que cómo se está, hace que nos sintamos infinitamente mejor.
Los tres payasos que fueron acomodando su humor y sus canciones de la dictadura a la democracia, acabaron por ser el referente de una España que emergía: la España de Susanita, que tiene un ratón chiquitín, o la de la gallina turuleca o la del feliz, feliz en tu día, amiguito que Dios te bendiga?
Como el tiempo no perdona ni a los payasos, Gaby y Fofó se nos fueron un día sin avisar, mientras sus hijos crecían y nos acostumbrábamos a que fuera sólo Miliki el que nos siguiera cantando canciones. Entretanto, su hijo Emilio nos iba dando la alegría de pensar que con el alma de payaso también se podía llegar a cantar, a dirigir, a tener una gran empresa y a ser un consideradísimo artista, casi en todas las modalidades.
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