Habrá algunos de entre quienes lean este artículo —y creo que no hace falta precisar que ese «quienes» engloba hombres y mujeres— que no tengan edad para recordar aquel episodio que protagonizó hace quince- la entonces diputada por el PSOE en Cádiz, Carmen Romero. La ex señora de Felipe González, tratando de ser más políticamente correcta que la pura corrección política y más feminista que el feminismo, dijo en un mitin aquello de «jóvenes y jóvenes», como para no dejar fuera a nadie. A partir de ese momento, chistes aparte, que han sido muchos, se han producido infinidad de irrisorias reivindicaciones lingüísticas que no sólo no han favorecido en absoluto la consecución de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sino que han servido para desviar la atención de los asuntos importantes en los que se reclamaba una intervención urgente por parte de los «políticos y políticas», que recogieran los «periodistos y periodistas». Mientras las feministas de verdad, entre las que me encuentro —siempre que con este término se denomine a las personas que desean,la igualdad de derechos efectiva entre hombres y mujeres—, luchan para lograr que hombres y mujeres.
Lee el artículo completo en La Gaceta de Salamanca.
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