«Soy bético por familia más que por amor»
– Actor –
–Si lo pienso fríamente y lo valoro, puede ser una locura, pero me apetecía, lo necesitaba y ahí estoy.
–Entre el teatro y la tele, ¿le queda tiempo para el deporte?
–Me escapo de vez en cuando. Necesito liberar tensión por algún sitio y el escenario no es el lugar, así que me escapo al gimnasio, levanto un par de pesas, hago unas flexiones y ahí me relajo y me calmo. Además, hago un poquito de natación para compensar el gimnasio.
–En «La República» en Televisión Española es el capitán del equipo, ¿no siente mucha responsabilidad?
–¡¡¡Uff!!! Pues sí, más de la que debiera. Cuando lo he comentado con algún compañero es como «relájate, tío, no es una carga sólo tuya…». Pero bueno, cuando me pongo a la cabeza de algo, no puedo evitar sentir ese peso a mis espaldas.
–Y hablando de capitanes, ¿ha jugado usted al fútbol?
–Aprendí porque era la única manera de aprobar gimnasia en el instituto, pero realmente era bastante malo.
–Tendrá equipo, como todo el mundo.
–Por familia, más que por amor. En mi familia son béticos y un poco por estar con ellos, pero ya te digo que el fútbol no despierta mi pasión.
–Usted salió de la cantera de «Al salir de clase», ¿quién era el entrenador de la serie para conseguir que tantos de los suyos se convirtieran en grandes?
–Todo el equipo de Boca a Boca, pero muy especialmente la cazatalentos Carmen Utrilla: ella nos descubrió y nos dio la oportunidad a cada uno de nosotros de salir adelante.
–¿Ha tenido algún entrenador en la profesión y en la vida?
–En la vida, mi padre. Soy como soy en buena parte gracias a él. Y en la profesión he tenido grandes maestros, pero sobre todo un ángel, que es Gloria, mi mánager, que confió en mí desde que llegué a Madrid, cuando no había hecho aún nada más que un culebrón en Andalucía.
–Su padre es empresario y usted un niño bien de Sevilla, ¿cómo se lleva eso en el mundo de la interpretación?
–Bueno, supongo que al final ese niño bien sale por algún lado. Y, además, últimamente como que todos los personajes que me tocan están empañados con una pátina de señorito que no hay manera de quitarse.
–Bardem y Penélope, su mujer, ya tienen sus Oscar, ¿ le gustaría ser un galáctico como ellos?
–¡Hombre! Sería un sueño llegar a Hollywood y triunfar como ellos. Ojalá, se lo pido a la vida, a ver si me lo cumple.
–Aunque sólo fuera por pasta, ¿no?
–Por la pasta y por trabajar con los mejores, que muchos de ellos están allí. Por la pasta mejor ser Nadal… Mira, para ganar dinero o me he equivocado de profesión o de país, aunque tampoco me voy a quejar: vivo bien.
–Pero Nadal o cualquier otro deportista de élite curra mucho más que los actores, ¿no?
–No te creas. Mi padre, que es un currante de los de antes, de los de 18 horas, me acompañó al rodaje con Concha Velasco de «Las cerezas del cementerio» y cuando acabó la jornada me dijo: «Hijo, sí que es verdad que trabajáis».
–¿Cree usted que el cine llegará alguna vez a tener la consideración que tiene el deporte en nuestro país?
–Por desgracia, la sociedad actual es heredera de la historia y en España hasta hace muy poquito ni siquiera se nos enterraba en los cementerios, sino en las afueras, con los suicidas, las putas… Es una cuestión cultural que yo espero que empecemos a cambiar, sobre todo porque creo que el artista, el actor, resulta imprescindible: los sioux decían que los hombres que mueven el mundo son los que cuentan historias. Y nosotros las contamos.
En primera persona
«Nací en Sevilla en el año 1977. Estoy soltero y no tengo hijos, pero sí ganas de tenerlos. Me siento muy orgulloso de mis padres, no me arrepiento de nada de lo que he hecho, valoro la honestidad con uno mismo y detesto la hipocresía. Perdono, olvido, tengo voluntad, soy amigo de mis amigos y tengo mucha ira, aunque poco a poco empiezo a controlarla. A una isla desierta me llevaría a todos mis amigos para que dejara de ser desierta. Soy muy supersticioso y vuelo mucho en los sueños. De mayor, como soy muy ambicioso, me gustaría ser muchas cosas: aventurero, astronauta, productor de cine, granjero y papá… Y si volviera a nacer sería…, pues no sé, habría que preguntarle a la ley del karma».