Marta Robles llegó a Villamayor espléndida. Desde su llegada al pueblo cumplió a la perfección en el papel de artita invitada. No paró de sonreir un instante, bebió la sangría de las peñas, quienes le hicieron el paseillo en su camino al Ayuntamiento, firmó autógrafos y sobre todo, supo estar en esa media hora de nervios en la que se intentaba hacer funcionar la megafonía.
Publicado en La Gaceta.
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